Carlos Castaneda

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Viaje a Ixtlán Lecciones de Don Juan

De Carlos Castaneda

Por Elba Longawa

Carlos Castaneda, antropólogo graduado de la UCLA y autor de origen Peruano, controversial y misterioso especializado en interesantes relatos que algunos medios los han declarado ficción, otros, estudios antropológicos, otros experiencias y superticiones, y finalmente lectores y seguidores que lo han declarado, absolutamente enigmante. Desde luego la profundidad de las reflexiones que sugieren sus obras, son de gran atractivo para sus lectores.

En el Viaje a Ixtlan, el autor describe su experiencia como discípulo de Don Juan Matus, un indio yaqui shaman, que le ofrece la misteriosa idea de “parar el mundo” para observar y aprender. “lo que quiero es que aprendas a ver, no solamente a mirar, especialmente cuando uno se cuela entre dos mundos, el mundo de la gente común y el mundo de los brujos”. El autor describe el amplio conocimiento de Don Juan sobre las tres más importantes plantas utilizadas en estos “viajes hacia la profundidad del conocimiento” Datura inoxia, conocida como Toloache, Lophophora williamsii o peyote, y un hongo alucinógeno del género de Psilocybe, creyendo equivocadamente que Don Juan los utilizaría para facilitar la última face de sus ensenañzas.

Contrariamente, Don Juan inicia su primera lección, con una larga caminata por desierto, donde le pide a Castañeda que hable con las plantas, porque “estás vivas y sienten”, lo cual le pareció un absurdo, sin embargo al terminar dicha afirmación se soltó una racha de viento que sacudió el chaparral desértico, produciendo un ruido muy especial. A lo largo de su jornada el autor revela a Don Juan sus inquietudes, a las que Don Juan responde con verdades simples e indiscutibles. La primera lección que recibio fue cuando Don Juan le enseñó lo inútil de su arogancia, que lo denunciaba cada vez que trataba de pasarse de listo con Don Juan, el viejo indio yaqui.

Al final de la jornada, llena de fantasmas, angustias y soledad, menciona el autor que su vida cambió, ya que con esta jornada, terminaba su etapa de aprendizaje. El misticismo que esta experiencia dejo en él, bastaron para adquirir la capacidad “de parar el mundo para ver”, la grandeza de un guerrero, el poder de la voluntad, el reconocimiento del instinto de supervivencia y reconocer el momento en que la vida se acerca a su fin y cuando aún no es la hora de partir. “Vi la soledad humana como una ola gigantesca congelada frente a mí, detenida por el muro invisible de una metáfora”.