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Carlos Fuentes
La Muerte de Artemio Cruz
De Carlos Fuentes
Por
Elba Longawa
Ciertamente y sin lugar a dudas Carlos Fuentes, nuestro patrimonio nacional de las letras
ya es y si no lo es, muy pronto será el próximo Premio Nobel de Literatura no hay vuelta
de hoja.
Nacido en Panamá, la infancia de Carlos Fuentes se desarrolló dentro de la vida de
una familia perteneciente al Cuerpo Diplomático Mexicano. Evento que le brindó la
oportunidad de viajar a todas partes del mundo y enriquecer su inata y prolífera carrera
literaria. Carlos Fuentes es egresado de la Facultad de Leyes de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Doctorado en el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra,
Suiza. Con varios doctorados Honoris Causa, de Harvard, Cambridge, Miami y Chicago
y distinguido catedrático de la Universidad de Harvard and Cambridge. Además de
numerosos y merecidos galardones que incluyen el Premio Real Academia Española de
Creación Literaria con su obra Todas las familias felices en 2006. Asimismo, periodista
de gran prestigio del New York Times entre otros. Pero más que nada poseedor del don
de la palabra escrita con intensidad y transcendental realismo histórico.
Con sus obras La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, este digno
representante de nuestra Alma Mater, hace contundente presencia literaria, representando
la generación que disectó, casi anatómicamente, aquella sociedad co-existente y con un
sistema de valores sociales y morales en decadencia.
La muerte de Artemio Cruz tiene el tono familiar de los 60’s y el cautivador lenguaje
coloquial que sólo puede darse en el ambiente político de la época de la Revolución
Mexicana. Su relato transita de la vida de aquel hombre fuerte de ojos verdes, que sólo
amaba la posesión de las cosas, al anciano moribundo de 71 años de edad, de 1.82 de
estatura y 79 kilos de peso, con dentadura postiza y fétidos olores que inhundaban su
recámara. Su esposa de muchos años Catalina y su hija Teresa esperaban su muerte con
ansiedad y resentimientos, para repartise de acuerdo a sus cálculos, ese bien merecido
testamento, del cual Artemio, había olvidado revelar su paradero.
Artemio Cruz relata su origen con turbios y sangrientos detalles que enmarcan su
niñez y su juventud acostumbrada al estado de alerta al mundo y al ataque de quienes
se acercaban a él. Acompañado de su asistente Padilla y su inseparable grabadora,
Artemio documentaba sus días y sus recuerdos, por si acaso un dia tuviera que responder
a sus numerosas participaciones en concesiones madereras en la Sierra Tarahumara,
operaciones de compra-venta y préstamos sobre parcelas, en Chiapas, venta de pescado
en Sonora, emprestitos ferrocarrileros, depuraciones sindicales y otras actividades
económicas, que por su ambición y desavenencia dejaba que impunemente participaran
empresarios extranjeros.
Artemio Cruz recordaba su participación en la revolución, especialmente cuando estuvo
a punto de ser fusilado, cosa que más adelante, no le impidió hacer negocios y fácilmente
olvidarse de sus propias experiencias, para recibir sobornos y pactos de complicidad
que gradualmente lo enriquecían: “la revolución es una lucha que no quise entender
porque no me convenía, porque sólo podían entenderla quienes no esperaban nada por su
sacrificio” .
Es difícil llegar al final de esta novela, ya que el final esta en todas partes, pero resulta
enigmáticamente romántico, descubir la parte indómita y desolada de Artemio después de
escuchar la bendición del sacerdote “en el nombre del padre…. del hijo… y del … en ese
instante Artemio Cruz detiene su pensamiento y acompaña al sacerdote en su plegaria
“como abandonaré la soledad de mí mismo, para perderme en la soledad de los dos”…
pero no por su esposa Catalina, sino por Regina … su amor.








