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Elena Poniatowska
Las Soldaderas
De Elena Poniatowska
Por
Elba Longawa
Gracias a la extraordinaria calidad periodística y la grandilocuencia de la
escritora Elena Poniatowska, en la conmemoración del bicentenario de la
Revolución Mexicana podríamos pensar que al referirnos a sus principios de
cambio social e histórica participación democrática, no se haría un nudo en la
garganta, o no haríamos una evocación con cierto aire de orgullo nacional y
universal, pero al recordar la esencial y magnánima presencia de la mujer en los
campos de batalla esto resulta inevitable.
Las Soldaderas, contiene un tesoro fotográfico perteneciente a la Fototeca
Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia de la ciudad de los
bellos vientos, Pachuca, estado de Hidalgo. Como sólo Elena Poniatowska sabe
hacerlo, describe los momentos desgarradores y sangrientos que formaban
la dia a dia vida-muerte-guerra de una soldadera. El panorama histórico se
refiere al Porfiriato que duró 30 años en el poder y Victoriano Huerta, quien
ordenó la muerte de Francisco I. Madero, ursupando el poder de gobierno y
quebrantando al pueblo mexicano. Venuztiano Carranza aspira al pader contra
el Porfiriato contando con el apoyo de dos ejércitos, al norte peleaba Doroteo
Arango, “Pancho Villa” y al sur Emiliano Zapata, vanguardia-superior a su tiempo
y querido héroe campesino de la Revolución Mexicana.
Sin embargo, para la soldadera, no había ninguna distinción, la soldadera,
representaba el apoyo efectivo que sólo el amor incondicional y la resignación
absoluta a su destino puede proporcionar, “Sin las soldaderas no hay
Revolución Mexicana: ellas la mantuvieron viva y fecunda, como a la tierra”.
El documento principia con la descripción lacerante de un cuadro “dantesco”
cuando sesenta mujeres carrancistas fueron hechas prisioneras, y una de ellas
disparó contra Pancho Villa y al preguntarles quién lo hizo, respondieron “todas”
y este ordenó que fueran quemadas vivas . Se escuchaban gritos pero no de
dolor, “No pedían misericordia, sino amenazaban una venganza imposible”.
Entre otras muchas responsabilidades, las soldaderas se encargaban de curar
a los heridos, como Dios les daba a entender, creando hospitales ambulantes,
alimentar a su “Juan” y al batallón entero si era necesario, cargando en las
espaldas ollas y trastes que se utilizaban, embarazadas o pariendo, heridas
o ignoradas ellas siempre estaban al pié del cañón, dispuestas a recoger la
carabina de su hombre caído y seguir con la lucha.
A su alrededor sólo apatía e indiferencia, ella siempre humilde, invisible y sin
voz, los hombres eran los héroes y las mujeres y sus hijos no valían nada .
Sin embargo, al cabo del tiempo, además de calentar la cama, también se
encargaban de cuidar que no se mojara la pólvora y tender las cartucheras a la
hora de la batalla, adquiriendo, cargos en el ejército aunque nunca de alto rango.
La vida sólo les presentaba tres opciones “ disfrazarse de hombre, encerrarse
a piedra y lodo, o de plano seguir a sus padres a las montañas para evitar la
violación y el secuestro” de parte de los villistas y carrancistas pero nunca de
parte de los zapatistas.
Todas y cada una de las soldaderas eran “extraordinarias amazonas” y
valerosas dirgentes entre ellas, Carmen Serdán y su hermana Natalia que al
principio repartían propaganda antireeleccionista y más adelante transportaban
armas para los rebeldes. Carmen Amelia Robles quien se vistió de hombre
y participó en incontables batallas, Rosa Bobadilla coronela Zapatista, Adela
Velarde “La Adelita”, Valentina Ramírez “La Valentina”, y miles y miles de
mujeres que no alcanzaron a escribir su nombre en la historia de México pero
que dejaron el alma en cada gota de sangre que derramaron en silencio.
“Pero en el otro lado de la balanza, los capitanes jóvenes corren a la luz de la
luna a abrazar su destino, las mujeres ensombreradas los siguen sin chistar, sus
carrilleras cruzadas, con la flor de la pasión en los labios, mientras cantan voz en
cuello: “Yo soy rielera, tengo mi Juan, él es mi encanto, yo soy su querer”…..








